Himno 191

Ven, Espíritu eterno

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    Ven, Espíritu eterno,
    muéstranos la excelsitud
    de ese mérito vicario que nos trajo la salud.
    Grande fue el sacrificio para nuestra redención.
    ¡Oh, renueva la memoria; danos fe en el corazón!

    Ven, testigo de su muerte;
    ven, divino Inspirador;
    que sintamos tu potencia y apreciemos tu valor.
    Ven, aplícanos la sangre del divino Redentor,
    y que Cristo en nosotros sea siempre morador.

    Que imitemos sus gemidos,
    suspirando en oración,
    y apreciemos las heridas que recuerdan su aflicción.
    Al que hemos traspasado, que miremos con dolor,
    y la sangre asperjada recibamos con amor.