Himno 232

¡Oh mi Dios!

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    ¡Oh mi Dios!, yo soy un vil,
    miserable pecador,
    he faltado veces mil
    a tu santa ley, Señor;
    yo tus sendas olvidé
    y tu amor no aprecié.

    En mi alma no hay verdad,
    y mi pobre corazón,
    por su grande iniquidad
    lleno está de confusión;
    he perdido mí vigor,
    desfallezco de dolor.

    Ten, oh Dios, piedad de mí,
    que debilitado estoy.
    Dame, por amor de ti,
    ¡a salud que busco hoy.
    No me dejes perecer;
    ven, mi cárcel a perecer.