Himno 42

Condúceme, Maestro

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    Condúceme, Maestro, por tu bondad,
    y así jamás me falte seguridad;
    no puedo un solo paso sin ti andar;
    oh, mi Jesús, sé siempre mi Luminar.

    En tu amor envuelve mi corazón,
    y dale paz y calma en la aflicción;
    que halle en ti reposo allá en la cruz,
    que siempre me halle cerca de ti, Jesús.

    Y cuando fuerte azote la tempestad,
    y al alma desanime la adversidad,
    condúceme, Maestro, por tu bondad,
    y así jamás me falte seguridad.