Himno 501

¡Oh célica Jerusalén!

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    ¡Oh, célica Jerusalén!,
    ¡oh, cuándo te veré!
    Tus glorias, que por fe se ven
    ¿oh, cuándo gozaré?

    Amada patria celestial,
    ajena de dolor,
    a los que agobia aquí el mal,
    consolará tu amor.

    Sin sombra te contemplaré:
    hay vida y luz en ti;
    cual astro resplandeceré
    eternamente allí.

    Del cristalino manantial
    de vida beberé;
    del árbol de la eternidad
    gozoso comeré.

    Al Rey de gloría, mí Jesús,
    allí veré reinar;
    mi alma llenará de lu
    zen esa Sion sin par.